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Archiv para noviembre, 2019

Historia de dos pintoras: Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana. Museo del Prado. Hasta el 02-02-2020.

DIÁLOGO ENTRE DOS PINTORAS

Hasta el 02-02-20, fecha fácil de recordar, y para celebrar el 200 Aniversario del Museo del Prado, podemos deleitarnos con la muestra Historia de dos pintoras: Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana, ambas italianas y del siglo XVI, que proceden de ambientes muy distintos.  Sus ciudades de origen, Anguissola es de Cremona, aristocrática ciudad del norte, perteneciente a la Lombardía, y Fontana es de Bolonia, ciudad inquieta y progresista en el terreno cultural, artístico y religioso, de la Emilia-Romaña, apenas distan 150 kilómetros y en ambas caló el humanismo, pero sus tradiciones culturales y sociales eran de diferente índole.

Sofonisba y Lavinia. M. Prado Onlyartravel.Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana abren para los espectadores su mundo artístico, difícil por su condición de mujer, de pleno Renacimiento. Al entrar en el espacio reservado del Museo del Prado para mostrar esta selección de 65 obras de las pintoras, un espacio recogido, íntimo, muy bien conseguido gracias al color granate, tan elegante, los visitantes se sienten un poco intrusos, de modo que hablar en tono quedo parece casi una obligación. Leticia Ruiz, comisaria de la exposición apunta que la exposición es un relato sobre dos pioneras de la historia de la pintura, que van a permitir dar visibilidad y respetabilidad a las mujeres en la creación artística. También hay un cuadro de Lucía Anguissola, que, junto con su hermana Sofonisba, pertenecen a las escasas pintoras que tienen obra en las colecciones del Museo del Prado, 33 pintoras, frente a 5.000 pintores, (señala N. Pulido en ABC, 26-10-19).

Pudiera parecer que la vida y obra de Sofonisba Anguissola (Cremona, 1535-Palermo, 1625) fue más privilegiada, más sencilla en su recorrido, al proceder de una familia aristócrata. Su padre, Amilcare Anguissola, le puso nombre de princesa cartaginesa, y consiguió abrirle las puertas de la corte de Felipe II cuando contraía nupcias con su tercera mujer, Isabel de Valois. Pero una cambia de opinión cuando ve esos magníficos retratos y lee que tuvo que entrar como dama de compañía para ocultar su condición de pintora, y que era pagada con joyas y vestidos, por lo tanto no reconocida como una profesional del retrato. Su fama era merecida, gracias a ser una magnífica dibujante, y reconocida maestra de pintura para la reina y las infantas, pero no firmaba las obras. Ha habido mucha confusión en la atribución de algunos retratos de la Corte, en los que competía con nombres como Alonso Sánchez Coello y Pantoja de la Cruz. Sus cuadros destacan por la novedad del retrato sedente, y por el tratamiento de la luz que resalta objetos del fondo oscuro, así como del colorido veneciano que le caracteriza. (Retratos de las hijas de Felipe II, Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela, a las que siguió educando tras la muerte de su madre, la reina Isabel de Valois.)

 Lavinia Fontana (Bolonia, 1552-Roma, 1614) tendrá diferentes circunstancias, se moverá en ambientes artísticos, hija del pintor boloñés de éxito, Prospero Fontana, será la primera mujer en regentar un taller de pintura, teniendo a su cargo aprendices y ayudantes. El reconocimiento de este papel en la plena Italia renacentista, no fue fácil, tampoco. Gran admiradora de Sofonisba, recuperará su modelo de retrato sedente, que aportaba a los retratados un porte muy elegante y poderoso, y de aire intelectual. Su obra se caracteriza por ir adquiriendo un estilo propio que le separa del manierismo, con un gusto por el detalle y el colorido veneciano, en unos retratos muy naturales, temas religiosos y mitológicos. Se la relaciona con el clasicismo de los Carracci, lo que la entronca en el primer Barroco. 

Ambas pintoras dialogan en las salas del Prado, decoradas con mucho acierto, y repartiendo las obras en secciones temáticas que facilitan la visita. Hablan entre sí a través de sus valientes autorretratos (muy numerosos, cuestión poco frecuente hasta ahora de manos femeninas), presentándose como lo que son, pintoras, pese a quien pese de la época, como mujeres que analizan su entorno, lo convierten en un lienzo, cuidando, como en el caso de Anguissola todos los detalles, y dándole el ambiente humanista del momento, en el caso de Fontana, en el que todas las damas de la alta sociedad debían tener conocimientos de idiomas, literatura, música, danza y arte.

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Sofonisba, morirá nonagenaria, contando con el respeto y la admiración de muchos de sus contemporáneos, como vemos en el delicioso retrato que Van Dyck le hace al visitarla, ya anciana y ciega. Este retrato aparece en la última sala de la exposición, dedicada a la memoria, en la que se demuestra lo conocida que era, tratadistas como Vasari, o el mismo Miguel Ángel, hablaron de ella y de su arte, que no alcanza más que el medio centenar de obras, en una vida en la que se enviudó dos veces y no tuvo descendencia.

1624 S.A.VDYCK

Lavinia Fontana que tiene nombre de matrona romana, vivirá 62 años, entre su trabajo de pintora, de dirigir el taller, viajar a Roma y Florencia y los once hijos que tuvo con el también pintor G. P. Zappi. Está enterrada en Roma, en Santa María Sopra Minerva. Como ya hemos apuntado se considera la primera pintora profesional de la historia del Arte, y esta condición le hizo estrechar relaciones, con nobles y eclesiásticos de la época (pintora de la Corte del papa Clemente VIII y de Paulo V). Llama la atención en la exposición que nos ocupa el hecho de tener obras mitológicas con figuras desnudas y el tratamiento erótico que les da a las mismas (Marte y Venus). Se tiene certeza de que pintó más de 130 cuadros, pero solo se conservan una treintena fechadas y firmadas.

Es todo un enfrentamiento el de estas dos pintoras contemporáneas, que comparten tanto pero a la vez les separa tanto, compruébenlo ustedes mismos, visitando hasta el 02-02-20, fecha fácil de recordar, y para celebrar el 200 Aniversario del Museo del Pardo, la exposición Historia de dos pintoras: Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana.

Laboratorios de la nueva educación. En el centenario del Instituto Escuela. Sede de la ILE. (c/ Martínez Campos, 14 ). Hasta el 1 de marzo

100 años de Instituto Escuela. El futuro de la educación era hace cien años.

En pleno siglo XXI la educación está inmersa en una gran revolución que pone en entredicho postulados que se venían arrastrando los últimos cincuenta años y se convierte al alumno en protagonista de su propio aprendizaje, a través de nuevas metodologías.

¿Y si el futuro ya existiera hace cien años.? Este es el interrogante que se nos plantea en esta exposición “Laboratorios de la nueva educación. En el centenario del Instituto Escuela”  que se celebra en la sede de Martínez Campos del ILE (Instituto Libre de Enseñanza) hasta el 1 de marzo.  Quizás podamos responder a la pregunta, o no,  pero lo que es seguro es que supone una magnífica ocasión para acercarse a uno de los proyectos educativos más pioneros y ambiciosos del siglo XX.

Recordemos un poco los orígenes de la  Institución Libre de Enseñanza, en cuyo seno nació el Instituto Escuela. Surgiría en plena Restauración Borbónica, en 1876, a raíz de la prohibición de la libertad de cátedra (Decreto Orovio) del gobernante conservador Antonio Cánovas del Castillo. En aquel año un grupo de profesores liderados por Giner de los Ríos y Azcárate,  a modo de objeción de conciencia, fundaron la ILE.




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