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Pasiones Mitológicas: las Poesías de Tiziano y su “manera tardía”. Hasta el 4 de julio 2021.

La exposición del Museo del Prado, Pasiones Mitológicas, gira en torno a uno de los grupos de obras más importantes de la Historia del Arte : las Poesías que Felipe II encargó a Tiziano entre los años 1550-1562. La exposición se completa  con una representación de otros autores que se han visto influidos por la grandeza de este pintor veneciano: Rubens, Van Dyck, Velázquez, pero será difícil no dejarse seducir por las seis obras que componen este conjunto denominado Poesías.

Un día que Miguel Ángel y Vasari visitaron a Tiziano en el Belvedere vieron en un cuadro, que entonces había realizado, una mujer desnuda representando una Dánae, con Júpiter transformado en lluvia de oro, y mucho lo alabaron en presencia del autor, como suele hacerse. Una vez alejados de él, dialogando acerca del modo de pintar de Tiziano,  Buonnarotti lo ensalzó bastante diciendo que le gustaba mucho su color y su manera pero que era lástima que en Venecia no se aprendiera desde los comienzos a dibujar bien. Esta anécdota contada por Vasari en La Vite, 1568,  (citado por Fernando Checa Cremades), nos sirve para presentar al gran maestro de la escuela veneciana del Renacimiento, Ticiano Vecellio (Pieve di Cadore, 1490-1576, Venecia). Los pintores venecianos hacían gala del dominio del color, de crear atmósferas un tanto doradas, del lujo, sensualidad y la suntuosidad que vivía la ciudad gracias al floreciente comercio, por contra de los florentinos como Miguel Ángel que basaban más su arte pictórico en el dibujo. Ticiano presenta cuerpos vivos, a pesar de la idealización, y según avanza el tiempo su pintura se disuelve cada vez más, utilizando una técnica de manchas que desconcierta, contornos no dibujados, esfumatos, el non-finito, su maniera tardía.

Tiziano, que presumía de longevo, incluso poniéndose años,  no estuvo nunca en España, sí en la corte española de los Países Bajos, donde Carlos V lo eligió como pintor para el resto de su vida. El entonces príncipe Felipe lo conoció  en Bruselas en 1549,  y continuó encargándole obras cuando se convirtió en rey. Felipe II es el modelo de príncipe renacentista, que ha viajado por Europa, ha conocido las diferentes cortes y hereda de su padre el gusto por la pintura. Sus sucesivos matrimonios tienen que ver con esto, y él fue adquiriendo un gusto exquisito que reflejaba en los encargos que hacía a los pintores, en concreto a Tiziano.

Felipe II, ya antes de ser rey, desde los 21 años, mostró su afán por el coleccionismo,   y en torno a 1550, encargó a Tiziano una serie de obras mitológicas,  de las que han quedado seis  de ellas,  que reciben el nombre de Poesías. Poeta se denominaba a los pintores que en lugar de pluma utilizan pincel, en lugar de versos, colores, y que muestran un sentido de la belleza y de lo estético, un conocimiento de los clásicos que le hacen recibir ese apelativo. Existe la correspondencia entre Tiziano y el príncipe que ayuda a conocer en profundidad esta relación, durante los doce años que tardó el pintor en mandar las Poesías al rey.

Son seis obras basadas en textos clásicos, Ovidio y La Metamorfosis, básicamente,  aunque también en textos contemporáneos del círculo de eruditos que rodeaba a Tiziano, con su propia aportación creativa, que ha dado en llamarse “invenciones ticianescas”, y que han influido directamente en pintores posteriores, ya citados,  y  en escritores (Shakespeare, Lope de Vega…). Durante doce años le llegarán a Felipe II las obras, a diferentes lugares, según donde esté, Inglaterra (por su matrimonio con María Tudor), Bruselas, y finalmente Toledo (donde estaba la corte antes que en Madrid). Pinturas todas ellas en la actualidad  fuera de España, excepto Venus y Adonis que está en el Museo del Prado, por diferentes vicisitudes de la historia (regalos a embajadores, botines de la Guerra de la Independencia de Wellington…)

Dánae y la lluvia de oro es la primera de esas obras, no la versión que hay en el Prado, sino una que nos llega a la exposición desde Rochester. Dánae, princesa hija del rey de Argos, se ve encerrada por su padre para que no se cumpliera el oráculo que decía que sería asesinado por el hijo de su hija. Júpiter queda seducido por ella y se convierte en lluvia de oro y la dejó encinta de Perseo, que hará realidad la profecía. Es probable que además de Ovidio, la fuente fuera Bocaccio, en su Genealogía de los dioses.  Tiziano crea una escena dramática, como en todas y cada una de las Poesías, con la aparición de esa anciana que intenta recoger la lluvia de oro, contrastando con la belleza desnuda de Dánae, en un ambiente de clara y provocativa sensualidad.

 

La Despedida de Venus y Adonis es una obra más estructurada, con la contraposición de un cuerpo femenino, la diosa de la belleza,  y uno masculino, Adonis, joven dios  del que se enamora la diosa del  amor y que en el momento de la escena parte a una caza (en la que termina devorado por un jabalí). Nuevamente la tragedia de la mitología. Es una interpretación libre de Tiziano que trata el tema neoplatónico del deseo. Tiziano hizo muchas versiones de este tema, y es el único de la serie que ha permanecido en España. Es un estilo más acorde con los retratistas que tenía la Corte, como Antonio Moro, de contornos más definidos.

Otros cuadros de la serie,  como Perseo y Andrómeda,  está inspirado directamente de la Metamorfosis, en el que vemos a la protagonista encadenada, con la llegada de Perseo para liberararla del Dragón que la acecha, la liberará y se convertirá en su esposa.

Diana y Acteón y Diana y Calisto fueron una pareja de cuadros denominados Los baños de Diana. Suponen la tercera entrega al rey, enviados a Toledo. Están nuevamente cargados de dramatismo, en una escena, la de Acteón, , que sorprende desnuda a la diosa, bañándose, y que sufrirá el castigo de ser devorado por sus propios perros. La mirada transgresora que provoca las reacciones de Diana y sus ninfas es el tema tratado de forma dramática. La violencia también está presente en  ese gesto de Calisto, en la otra obra, obligada a desnudarse por la diosa, que ha descubierto su embarazo, obra de  Júpiter. Nuevamente las miradas, gestos y actitudes acentúan dicho dramatismo, en medio de una luz dorada y de un dominio del uso del color.  Todas las figuras están inspiradas en modelos clásicos, con un enorme protagonismo de la naturaleza en esta pareja de Los baños de Diana.

El rapto de Europa es el último envío (iba acompañado de una pareja, Acteón devorado por los perros) que nunca llegó a pintar Tiziano. Obra de gran dinamismo, en los que gestos, rostro y cuerpo son un claro elogio de la sensualidad, en medio de contraposto y líneas serpentinatas. Nuevamente Júpiter enamorado, en este caso de Europa, que se convierte en toro, y la rapta de Fenicia para llevarla a Creta. La naturaleza ocupa un lugar importante en este dramático tema. Es el último cuadro de estos temas considerados lascivos por el reciente Concilio de Trento, al que acudió el propio Felipe II. Fin de la iconografía pagana de contenido erótico, que proporcionaba al rey y sus contemporáneos un placer cultural e intelectual, un deleite tanto al cuerpo como al alma, que no supuso ninguna contradicción ni forma de hipocresía para el rey español. Los encargos a partir de 1563 se dirigirían todos a la decoración del Monasterio de El Escorial, por tanto de tema religioso.

Rapto de europa. Museo del Prado. Onlyartravel

Estas producciones mitológicas son de las más importantes del Renacimiento, se trata de obras de excelente calidad, acorde a los clientes a los que servía Tiziano, un emperador, y el rey de España. Obras cargadas de color y sensualidad, de movimiento dramático que anuncia ya un barroco incipiente. Está claro que despertaba el deleite sensual del coleccionista, del Felipe II, que las colocó en las salas inferiores del Real Alcázar, a la vista de los que compartían con él el gusto por el arte, sin tener un camarín exclusivo para los desnudos, como se pensaba, y conviviendo con  otras obras de Rubens, Durero, Veronés o Jordaens. Se trataba de crear una corte artística como las de los italianos, demostrando así ser un Príncipe del Renacimiento. Crearon una Corte muy cosmopolita, a pesar de la idea que se tenía de ella, de conservadora y muy religiosa.

Resume esta serie  un estilo, el veneciano, en el que el color es el elemento esencial de la expresividad de la pintura. La escuela veneciana ya se origina en pintores como Giorgione, y continuará con maestros como Tintoretto y Veronés. El color contribuye a representar mejor la naturaleza, y da viveza a los cuerpos desnudos, a pesar de su idealización, dando sensación de riqueza y artificio. Tiziano utiliza una técnica de manchas que desconcierta, utilizando el esfumato leonardesco, contornos no dibujados, dentro de una paleta muy viva y bastante  limitada. Las Poesías inauguran en Tiziano su etapa llamada maniera tardía. Dicho estilo lo continuará en las obras religiosas que le pide el rey para la decoración de El Escorial: La Última Cena y el Martirio de San Lorenzo, entre otras.

Un deleite para los sentidos, organizada con gran acierto por el Museo del Prado, que estará hasta el 4 de julio y cuyos comisarios han sido el propio Director del Museo del Prado, Miguel Falomir, y Alejandro Vergara, jefe de Conservación de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte del Museo.

 

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