Víctor Vasarely. EL NACIMIENTO DEL OP-ART. Museo Thyssen Bornemisza. ¡¡Solo hasta el 9 de septiembre!!
Víctor Vasarely (Pècs, 1906- París, 1997), húngaro de nacimiento, afincado en Francia, es conocido como el padre del Op-Art, o Arte Cinético. Sus cuadros van más allá de los lienzos, lo ocupan todo, su arte tenía que llegar a todos, democratizarse. En la década de los sesenta se hizo famosa esta tendencia artística, encuadrada en la abstracción geométrica, e influyó en la moda, el diseño y la publicidad: camisetas, vajillas, carteles que inundaron todo, consiguiendo, al igual que Andy Warhol, con el Pop Art, estar en todas partes y en todos los formatos, integrar el arte en la sociedad. Y ser un auténtico fenómeno mediático, como lo define Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen Bornemisza, que recoge esta muestra de 88 obras y dos películas.

Tras dejar la carrera de medicina, Vasarely se formó en una escuela que seguía la Bauhaus (Escuela Mülhely de Budapest) donde aprendió las gráficas modernas. Se trasladó a París en la década de los 30, donde comenzó a trabajar como grafista. Ya en las primeras etapas de su obra se interesó por los problemas formales del arte abstracto geométrico, y por la obra de autores como Mondrian, Malevich, o Van Doesburg, entre otros. Comenzará su inquietud por la observación de la luz y por la geometría, lo que le conduce a llevar a cabo investigaciones ópticas.
Vasarely consigue a través de su arte cinético jugar con nuestros ojos, crear ilusiones ópticas, a base de la deformación de una retícula de dos dimensiones para generar un paisaje abstracto tridimensional. Sus obras bidimensionales adquieren la tercera dimensión gracias a la sensación de movimiento que se produce en nuestras retinas, parece que la superficie se mueve, avanza o retrocede. Utilizaba pocos colores, pero llegaba a utilizar más de 20 tonos de cada uno, lo que colaboraba a este dinamismo.
El pintor húngaro llamó a todo esto cinética visual, y se basaba en la percepción del ojo del espectador, que al final, se considera el único creador de la obra.

En su Manifiesto Amarillo defendía las posibilidades de recreación, multiplicación y expansión: a través de un algoritmo predeterminado, la idea era crear un número infinito de composiciones distintas. Propone así los múltiples, objetos artísticos basados en un prototipo, creados en un proceso industrial controlado por el autor, para así huir de la obra de arte única (su obra se reprodujo en talleres textiles y estampas serigrafiadas). Es la línea de la Bauhaus, poner la estética mecánica al servicio de la sociedad. (Y sin ordenadores, en lo que hoy se llamaría arte digital.)
Exponía en París con regularidad: en la galería Denise René, donde nació el op art; en el Musée des Arts Decoratifs de Paris, en la que ya presenta resultados sobre sus estudios de la interacción entre forma y color; pero su despegue a la fama mundial se lo dará una exposición en 1965 en el MOMA de Nueva York, con el título de Responsive Eye, de la que hará un documental Brian de Palma.

Su interés por la difusión del arte y de su obra le llevó a crear una Fundación en Francia (Aix en Provence) y dos museos en Hungría, uno en Budapest y otro en Pècs, su ciudad natal, organismos que han intervenido en el préstamo de obras para esta muestra, y la dirección del comisario Márton Orosz.

El trabajo artístico de Vasarely ha sido polifacético, desde intervenciones arquitectónicas en campus universitarios (Caracas…) y Exposiciones Universales (Montreal..) o centros de arte (El Centro Pompidou cuenta con un relieve suyo), como los conocidos logos de los Juegos Olímpicos de Munich 72 y de la marca francesa Renault.

El Museo Thyssen reivindica a Víctor Vasarely, olvidado injustamente en las últimas décadas, en opinión de su nieto Pierre, que dirige la Vasarely Foundation de Aix en Provence. Seguirán otras exposiciones en el Centro Pompidou y en Fráncfort que recuperen la figura universal de este artista húngaro “muy orgulloso de serlo, cuyo idioma siempre habló”.
Según podemos ver en el documental de la muestra, Vasarely piensa que el arte es un lenguaje universal que debe pasar a las siguientes generaciones. Un arte que no debe estar confinado en los museos, hay que llevarlo a los espacios públicos, tenía el sueño de educar la estética de las masas.

Ciertamente dan ganas de perderse en esos espacios ilusorios, tridimensionales, ficticios. En esta muestra en la que no se sabe donde acaba la ciencia y donde el arte, que aparecen en perfecta armonía en esta muestra digna de ser visitada.
"Trackback" Enlace desde tu web.
