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Rodin-Giacometti. Fundación Mapfre. Madrid. Hasta el 10 de Mayo.

Dos de los escultores más conocidos de los siglos XIX y XX, Rodin y Giacometti, se encuentran en Madrid, y a través de sus obras muestran unas conexiones que llenan la sala Recoletos de la Fundación Mapfre,  que ofrece  de cerca esta relación que de otra manera no serían tan evidente ante le asombro de los espectadores: Rodin-Giacometti, hasta el 10 de mayo.

Cuando Auguste Rodin muere a los 77 años (París, 1840, – Meudon, 1917), Alberto Giacometti, de origen suizo (Borgonovo, Suiza, 1901-Coira, Suiza, 1966)  tenía 16 años y desde que era un crío lo admiraba. Les separa pues, una generación, pero les une una misma visión innovadora de la escultura y de su tiempo.

Son los dos escultores que a su manera rompen en su época con lo establecido. Rodin es el primero de la escultura moderna, huyendo del frío clasicismo y dando expresividad a las figuras. Giacometti podría haber derivado en la geometrización del cubismo, en el surrealismo o la abstracción propia de las vanguardias del siglo XX, pero eligió, como Rodin, la figuración y la materia. Es la primera conexión, el interés por la figuración y el modelado, de una materia que no parece acabada, que no se dota de superficies pulidas ni acabadas, en las que incluso se ve la marca de los dedos de los escultores, lo que a Rodin le supuso tanto rechazo, pero a la vez tanto éxito.

La muestra tiene como comisarias a Catherine Grenier, directora de la Fundación Giacometti, y a Catherine Chevillot, directora del Museo Rodin de París, dato que por sí solo habla de la categoría de la exposición madrileña. Hay que acercarse a ella sin prisas, dejándose llevar entre tanta figura (unas doscientas obras) que a la vez nos interrogan y nos dan respuestas, creativas, eso sí, sobre la figura humana.

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Porque es esta, la figura, la protagonista, que primeramente aparece en grupos, otra de los nexos entre ambos autores, No es muy frecuente, pero Rodin tendrá en una de sus más famosas esculturas: Los burgueses de Calais, la mejor muestra. Le interesa presentar seres, medio humanos, medio heroicos, y lo hace  mostrando los distintos matices del dolor. La exposición se inicia con una enorme fotografía del propio Giacometti entre estos burgueses, en el medio de esta escultura, tal era la admiración por el que será su maestro indiscutible. Otro grupo destacable de rodin es Las tres sombras, que formaría parte de laPuerta del Infierno, junto al Pensador, obra que no se llegó a realizar.

Los burgueses de Calais Onlyartravel

 

Los grupos de Giacometti están sacados de la calle, se unen y se separan, en esa forma totémica que adelgazaba las figuras, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, como en El claro, una representación de la soledad en grupo. Pasará la guerra en su Suiza natal.

Las formas inacabadas, el accidente, la solución creativa de las deformaciones, serán campos que unan a ambos escultores, y en la exposición se explica con determinadas obras, que podrían ser cualquier otra. El torso de San Juan Bautista, de Rodin, mutilado pero lleno de fuerza, se asemeja a las figuras alargadas de Giacometti,  que no tiene brazos ni piernas, solo se alargan hasta el infinito, quedándose con la esencia, con el espíritu, en un recurso muy expresivo. La deformidad en ocasiones lleva a la caricatura, podría ser Balzac, de Rodin, la muestra, o La nariz, de Giacometti, entre muchas en las que utiliza este distorsionado punto de vista.

Los modelos de Giacometti, su mujer, Anette, y su hermano Diego, sirven para otro de los puntos comunes entre ambos escultores: las series, la repetición de temas, de retratos, no su reiteración, pues cada uno es diferente. Camille Claudel, escultora y amante de Rodin será su modelo para unas máscaras que aparecen en las salas, unos retratos en los que se mezcla la distancia que les caracterizaba como amantes, la melancolía y la belleza de ella.

La novedad para el siglo XIX, fue que Rodin trabajara también con el pedestal, una veces incluyéndolo en la propia escultura, otra evitándolo. Giacometti consigue que el pedestal forme parte de la obra, no se distinga, como en la Cabeza de Diego, cuyo cuello ancla la tierra la el retrato magnífico de su hermano.

Diego, de Giacometti. Onlyartravel

Para terminar con buen sabor de boca nos vamos acercando a El hombre que camina de Giacometti, y al fondo al homónimo de Rodin. El primero, inspirado claramente en el segundo. El primero, sin brazos, ni piernas, con la fortaleza de una musculatura aprendida de Miguel Ángel. El segundo en el mayor alargamiento de una figura (“me interesa la gente de la calle”) que iba a formar parte de un macro proyecto de Nueva York, que se quedó en eso, en proyecto. Esculturas icónicas de ambos, monumentalidad como nexo entre los genios. Y despedida de un mundo, el de la escultura, que no por estar menos acostumbrados a saborear, es menos interesante.

Se complementa la muestra con una exposición de Dibujos y Recortes de Rodin en la Fundación Canal (hasta el 3 de mayo), en que el francés desarrolla en solo dos dimensiones su genio.

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